Por Luisa Fuentes

Como adultos, siempre estamos esperando esos días de vacaciones para despejarnos, descansar y poder revitalizarnos. Lo que no sabemos es que el momento de las vacaciones es de igual manera, un momento muy importante y beneficial para los más pequeñitos.

Para un niño, un viaje familiar representa un momento de unión muy especial con sus padres, sobretodo si se compara con la rutina dentro de casa, en la cual el tiempo que comparten los niños con sus padres es limitado debido a las actividades y obligaciones diarias.

Por otro lado, pasando al punto de vista científico, ¡también está comprobado que las vacaciones tienen el poder de avanzar el desarrollo cerebral en los niños! Esto se debe a que durante las vacaciones familiares, se ejercitan dos sistemas del cerebro los cuales generalmente no son ejercitados con facilidad en el hogar:

  • Sistema PLAY, el cual se ejercita cada vez que el niño entierra sus pies en la arena, cada vez que juega en la piscina o pasa un buen rato jugando con papá o mamá.
  • Sistema SEEKING, que se ejercita cada vez que el niño explora una nueva playa, un bosque o las curiosidades de un pueblo escondido.

Una vez que las experiencias de las vacaciones familiares activan estos sistemas en su cerebro, se desencadenan neuroquímicos de bienestar como la oxitocina y dopamina, los cuales reducen el estrés y activan sentimientos cálidos y generosos. Con todos los aspectos antiestrés de estos sistemas activados, los miembros de la familia tienen la oportunidad de relajarse emocionalmente. ¿Atractivo?

Además de la emoción por conocer nuevos lugares y el avance en su desarrollo, son muchísimos los beneficios que un viaje puede traer para un niño. La actividad de viajar, hace a los niños más resilientes, fuertes y tolerantes, ya que estos se encuentran expuestos a muchos cambios a la hora de viajar; su rutina será diferente, probablemente sus horas de sueño cambiarán, así como la comida que comen y el entorno en el que se desenvuelven. Darles la oportunidad de estar expuestos a estos cambios de vez en cuando, ayudará a su desarrollo.

¡Pero eso no es todo! Viajar ofrece a los niños una satisfacción y felicidad que un objeto material no puede ofrecerles.

Un juguete nuevo, tiene el poder de traer emoción y felicidad a un niño. Sin embargo, esta será de gran intensidad pero momentánea. La emoción por el nuevo juguete durará un rato y con el paso del tiempo esta desaparecerá. Creo que todos recordamos habernos emocionado muchísimo por un juguete los primeros días después de Navidad, para después de unos días perder el interés en él.

Por el contrario, el interés de un viaje se mantiene de principio a fin. Cada día es un nuevo descubrimiento, una nueva experiencia, una nueva comida, una nueva frase en otro idioma y una nueva emoción. Estas experiencias son las que se quedarán marcadas en un niño por siempre como recuerdos. Las experiencias se vuelven una contigo, se impregnan dentro de ti y cada una de ellas, se encarga de dejar su marca en tu personalidad.  ¿Qué mejor regalo que eso?

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