Para mi cuñado Oscar.

274 kilómetros recorrimos de la Ciudad de México a San Miguel Allende, Guanajuato. Era una Semana Santa de los 80´s. Al dejar la carretera Querétaro-San Luis Potosí, y tomar la carretera a San Miguel de Allende, ésta se hace muy angosta y hay que ir con más cuidado. No habíamos podido renovar el seguro del carro y era un pendientito en la cabeza.

Llegamos a San Miguel Allende y desde arriba pudimos contemplar la ciudad. La pendiente era muy empinada por lo que sólo pude echar un primer vistazo. Llegamos a un hotelito modesto atendido por su propietaria Ruth, una americana. Mi esposa y yo nos instalamos y salimos a pasear.

San Miguel de Allende fue fundada en 1542 por el monje franciscano Fray Juan de San Miguel. Por aquel entonces era ruta de paso llamada “ruta de la plata”, que era transportada por mulas. Ahora lo que podía ver era el paso del agua en la base de la banqueta, cargando los desperdicios de las casas que carecen de drenaje.
Sus calles son empedradas y sus banquetas de mármol.
Hay muchas artesanías de lujo, muchas tiendas con productos de alta calidad. En una de ellas me compré unas botas españolas que las usé hasta que mi espalda las aguantó.
Alrededor del zócalo hay restaurantes de buen nivel y por supuesto la oferta hotelera es buena y variada. Hay unos hoteles viejos, pintorescos y bien conservados. Te da la sensación de estar en otra época. El hotel tradicional es la Posada de San Francisco, enfrente de la Casa de la Canal.
Llegamos a la parroquia de San Miguel Arcángel, símbolo de la ciudad, que es la única de tipo gótico en México. Fue construida por un albañil de la copia de una postal de una iglesia europea. Se localiza frente a la plaza principal.
Ya teníamos hambre y aprovechamos para probar las tradicionales enchiladas de nata, en la calle de Humarán, enfrente de la parroquia. En esta calle también se encuentra el correo que es un edificio muy bonito.

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Caminamos por el parque Juárez, que está detrás de la parroquia. El parque se encuentra rodeado de casonas y en una de ellas nació Pedro Vargas.
Las casas son de tipo colonial, pero sobresale el edifico de la Casa de la Cultura Banamex que antes fuera la Casa del Mayorazgo de la Canal, propiedad del Conde de la Canal, uno de los fundadores de la ciudad. Hay que poner atención a la belleza de su puerta. Existe un pasillo subterráneo de la casa a la parroquia.

San Miguel es un paraíso para todos los amantes de la arquitectura, pero también tiene mucha vida nocturna y ya era tiempo de conocerla.
El lugar estaba lleno, todos adecuadamente vestidos y comportados hasta el momento. El escenario parecía una concha. Pasaron varios artistas, todos con buena voz y vistosos trajes, calentando el ambiente. Llegó el siguiente artista, ya maduro, completamente vestido de negro, hasta el sombrero, tenía una tez muy blanca.
“La vida no vale nada. Comienza siempre llorando y así llorando se acaba…”

Yo no creo en espíritus ni en cosas parecidas, pero sí creo en la magia. Creo en la magia del ambiente, en la magia del alcohol, en la magia de la música, en la magia del amor.
San Miguel era considerado un pueblo mágico hasta que el 7 de julio de 2008 fue nombrado patrimonio cultural de la humanidad.
Pues esa magia estaba presente en ese lugar. La persona que estaba cantando ya no vestía de negro, traía un traje de charro verde claro, un colorido sarape en su hombro, una cara redonda y ojos escondidos y verdes. Era José Alfredo Jiménez, y entonces sí todos nos descompusimos hasta la ronquera total.

San Miguel también es famoso por sus cenotes y aguas termales. Había una muchacha americana en el hotel, que no hablaba español y se notaba aburrida, la cual invitamos a un cenote. Descendimos un poco y caminamos un largo trecho con el agua a la cintura. El agua estaba agradable, calientita. Llegamos al destino final que parecía una alberca redonda, el agua más profunda, pero lo increíble eran los rayos de sol que llegaban al centro del cenote.
Entras en una relajación profunda, en una comunicación no se con quien, pero sin palabras.
Tomamos el camino de regreso.

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San Miguel estuvo a punto de convertirse en pueblo fantasma. No se que tienen que ver los fantasmas con el saqueo de minerales, pero parece que así pasa.
Afortunadamente durante la década de 1950, San Miguel de Allende se convirtió en un lugar turístico conocido por su bella arquitectura colonial y sus fuentes termales. Después de la Segunda Guerra Mundial, San Miguel comenzó a revivir sus atractivos turísticos cuando muchos soldados norteamericanos fuera de servicio descubrieron que los servicios educativos de EE.UU acreditaban al Instituto Allende por lo que se garantizaba la educación para su familia.
El Instituto Allende y el Nigromante son muestra de la importancia de la cultura en San Miguel. Ambos institutos ofrecen cursos de pintura, arte, escultura, manualidades, y muchos extranjeros disfrutan de sus cursos y del lugar.
Se da una convivencia alegre entre los habitantes de la ciudad y los extranjeros. Es un pueblo bonito, con alegría.

Fuimos al convento a comprarles rompope a las monjitas. Compramos tres botellas, dos para llevar a México y una para ya. ¿Quién dice que el rompope no emborracha? Que se espere a la media botella.
Estaba disfrutando de este rico rompope cuando oí ruidos en la calle. Me llamó la curiosidad y me asomé. No parecía una marcha militar o sindical. No iban uniformados ni llevaban pancartas. No parecía manifestación aunque iban a paso veloz. ¿A dónde van les pregunté? “A los toros”.
Yo nunca había ido a los toros pero no teníamos nada que hacer. Pronto formamos parte de estas hormigas tras la miel. Todos y todas olían a recién bañados, ropa limpia y perfumes que se mezclaban con el néctar de la tarde.

Oh, la tarde. El tiempo en que confundimos los colores y los rostros de los amigos. La hora en que se van aturdiendo los sentidos físicos y sólo con magia se alertan.
Ya no había lugar, nos tuvimos que sentar en el techo de concreto por donde salen los toros.
Era una plaza muy chica. Estaba atiborrada. Era una paleta de colores intensos, de texturas variadas, el color más sobresaliente era el color de la alegría que nada tenía que ver con la capacidad de crédito del vecino. Aquí se dejaban en casa las carteras y las tarjetas de crédito.
Las jacarandas rodeaban la plaza, y con el contraste del cielo azul pálido, parecían escudos que nos encerraban amorosamente en esa plaza, para que no se escaparan nuestros pensamientos.
Cuando salió el primer toro pudimos ver como desprendía polvo de su lomo, pasó muy cerquita de nosotros. El toro tiene un peso promedio entre 300 y 500 kg. y puede alcanzar una velocidad de 72 kms. por hora. Puede dar vueltas a la plaza por su contorno o quedarse quieto. Este primer toro se quedó quieto con un porte de dios. Su negrura realzaba este porte. Su cabeza levantada y girando horizontalmente su vista muy lentamente.
Rápidamente es azuzado por el torero y los ayudantes para que embista. Los toreros usan el capote, que es la pieza más grande, para mover al toro, hacer algunas suertes y finalmente encaminar al toro hacia el picador. El picador monta un caballo debidamente protegido, al cual embiste el toro, y el picador clava su lanza en el lomo del animal. De lo cerca que estábamos pudimos observar los borbotones de sangre que salían, lo cual siempre causa la rechifla del público que sienten que es suficiente castigo. El propósito de este castigo es debilitar al toro, porque si embistiera al torero con toda su fuerza sería como voltear el tablero de ajedrez a medio partido. También el toro antes de salir ha sufrido varias técnicas para debilitarlo.

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Toca el turno a los banderilleros que es una bonita atracción de acrobacia. El banderillero y el toro corriendo, se cruzan perpendicularmente, el banderillero se levanta un poco, arquea su cuerpo en la parte superior estirando y empujando con fuerza sus brazos para hundir las dos banderillas en el lomo del toro. Por supuesto que esto debilita más al toro.

Ahora el torero toma otra tela más pequeña que se llama muleta y aquí comienza el arte.
El torero parece un bailarín del teatro Bolshói pero con movimientos más cortos. Es delgado, ágil, elegantemente vestido, arrogante con el toro y con el público pero a veces cubierto de sonrisas. El toro ve en blanco y negro, así que embiste la muleta por su movimiento, no por su color. A simple vista parece que es fácil porque el toro parecer tener un movimiento estereotipado, pero famosos toreros como “Manolete”, “Carnicerito de Méjico” y “Paquirri”, comprobaron con su muerte que no es así.
El público enloquecía y gritaba fuertemente “Ole”, “Ole”. No sabíamos claramente cuando se debía gritar “Ole” pero no desafinamos con los demás.
La distancia de la muleta al cuerpo del torero es esencial. Cuando hay mucho viento humedecen la muleta. El torero hace gala de gallardía y saca todos los ases bajo la manga. Pide a la banda de música un paso redoblado y camina lento, cadencioso, hacia el toro, cuyo resoplido podíamos escuchar. Ya estaba cansado.

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Era la hora de matar al toro. Un suave viento nos refrescaba, la tarde se quejaba con el crujir de las jacarandas. La espada picó una vez, y otra vez en el lomo del toro, pero éste seguía embistiendo, agachando la cabeza y ofreciéndose a la muerte.
El toro lucha hasta el final para evitar su destino, pero precisamente luchando es como cumple su destino. La sangre es rápidamente borrada y el toro arrastrado. El torero es evaluado por un juez y recibe partes del toro como premios. Al día siguiente el toro cuelga de un gancho donde es despedazado y vendido en pedazos.
Esa noche fuimos a una disco pero nos regresamos temprano a dormir.

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Al día siguiente fuimos a un restaurante del centro a comer. La comida estaba buena y el lugar bien. Fui al baño y vi un letrero que decía “Suba a ver al loco”. Me llamó la atención y me inquietó. Me acerqué a las escaleras y había otros letreros: “Tenga cuidado”, “No se acerque mucho”, y había flechas perfectamente señalando el camino. Pensaba que si era el hijo del dueño a quien tenían ahí. ¿Quién podía ser?
Seguí las flechas por un largo pasillo y al final doblé a la izquierda. Ahí estaba una pequeña ventana con barrotes de fierro. La ventana estaba muy alta y había un pequeño banquito de dos escalones. Mi corazón estaba agitado, ¿Qué iba a encontrar? ¿Y si me agarraba?
A veces es difícil actuar como hombre pero actuando como si lo fuéramos afrentamos lo que sea. Subí con cuidado el banquito y procuré no acercarme mucho a la ventana.
No te puedo decir que fue lo que vi. Es posible que un día visites esta maravillosa ciudad y te recomiendo que lo veas con tus propios ojos, sin embargo, quiero hacerte una fuerte advertencia: ten cuidado en como reaccionas al verlo porque de ello dependerá la conducta del loco.

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274 kilómetros son los mismos de regreso a la Ciudad de México, bastante tiempo para pensar.
Ignacio Allende nació el 21 de enero de 1769 en el seno de una familia española acomodada en San Miguel. En 1802 se incorporó al ejército virreinal de la Nueva España y en 1806 comenzó a simpatizar con la idea de independizar a la Nueva España del reino español. Asistió a las primeras juntas secretas de la rebelión organizadas por los corregidores de Querétaro y luchó al lado de Miguel Hidalgo y Costilla, en la primera etapa de la guerra de independencia.
En 1811, en Chihuahua, fue traicionado, juzgado, ejecutado y su cabeza exhibida en una esquina de la Alhóndiga de Granaditas, en la ciudad de Guanajuato.
Por supuesto que San Miguel de Allende lleva ese nombre por Fray Juan de San Miguel, su fundador, y por Ignacio Allende, su héroe. San Miguel de Allende fue el primer municipio declarado independiente.

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¿De donde nacen los héroes? ¿Por qué no hay héroes hoy?
Un héroe no tiene un destino. Lucha por la injusticia, por la opresión, por las desigualdades, y así va configurando su destino. Tiene un impulso de actuar para ayudar a los demás. Fraguar un destino forzosamente requiere la maquiavélica inteligencia para lograrlo. A un héroe no le importa no tener un destino o que su cabeza cuelgue. Como toro de lidia lucha por la vida de los demás y ese es simplemente su destino.
Ya tuvieron mucho tiempo los líderes y políticos, es hora de que regresen los héroes. ¿Quién es un héroe? Cualquier loco que se ve prisionero y no teme luchar por su libertad.

Alex Borbón Rosas
Marzo 2013

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