La entrada al país fue bastante rudimentaria, ya que cruzamos la frontera corriendo un pequeño y descuidado arco que queda un poco delante del pueblo de Yunguyo aun ubicado en Perú. Tomamos un bus desde Puno (Peru) en donde hicimos una parada para observar las islas flotantes de uros que mas que ser algo espectacular es un gran negocio que han hecho los habitantes del lugar y en donde aunque uno no lo desee, sera atracado de una o otra manera, sin embargo, es un atracó pequeño y que al menos no roba tanto tiempo, y no se si por la anestesia de los dos meses de viaje que no quise quejarme o bien porque me di cuenta que no importa cuanto me enoje, lo único que voy a lograr es hacerme mala sangre, pasar un mal rato y listo, así que elegí la batalla de quedarme tranquila y reírme de la situación…

Fue esta la ultima parada de Perú pero el primer contacto con el lago Titicaca, que bien a pesar de los negocios truncos que hacen los habitantes, el lago es espectacular y el azul que emana perdura a pesar de los manejos humanos. El lago nos mostró una pequeña parte de si en este recorrido a las islas, nos mostró una segunda vista al cruzar la frontera y llegar a la pequeña ciudad de Copacabana, la cual está construida al borde del lago Titicaca y de donde salen dos veces al día unos botes rápidos hacia las diferentes islas relativamente cercanas, dentro de ellas están la isla de la luna, la isla del sol, la isla del pescado, etc, nosotros optamos por ir directo a la isla del sol, donde habíamos escuchado que era espectacular pero en definitiva no teníamos la menor pista de lo que nos íbamos a encontrar, fue así como el lago Titicaca nos regalo el tercer encuentro el cual no creo que aunque así lo desee pueda algún día olvidar…

Llegamos a la zona norte de la isla, desde el momento que bajamos pudimos escuchar un silencio profundo que nos llamaba a quedarnos callados pues hablaba tanto ese silencio que obligaba ser escuchado, así que en su mayoría la travesía al principio fue acompañada de silencio y tranquilidad, caminamos un poco hacia donde nos habían dicho empezaba una caminata a unas ruinas donde había un laberinto, pero nadie nos dijo todo lo que había entre la llegada y ese laberinto…

Seguimos un poco mas y encontramos una playa de arena blanquísima y agua helada en donde al sentarnos a contemplar nos mimetizamos con el lugar y los pájaros no nos percibieron como extraños ya que volaban cerquita y caminaban casi al lado de los pies, la verdad que me gusto la sensación de ser humano y no ser una figura depredadora para los pájaros del lugar, tanto que volaban a nuestro lado como si fuésemos un árbol más, inclusive en la emoción de tenerlos cerca les dimos un poco de pan y se quedaron posando tranquilamente para las fotos que llevábamos para recordar el momento.

preparando-las-maletas-lago-titicaca-sudamerica-4Después de contemplar la primera playa en la que caminaban regresando de la montaña cada tanto un par o un tercio de cholitas cargando grandes ramas de eucalipto, probablemente para hacer con ellas un buen mate, es que nos vimos llamados hacia los eucaliptos donde comenzamos a subir una alta montaña que mientras mas alto subíamos la vista era mas y mas espectacular; se podía observar el lago desde distintos lugares viendo desde la altura como colindaba con la isla desde diversos puntos. La combinación de colores no podía ser mejor, pues estaba el azul cobalto profundo del lago en toda su inmensidad, en parte gracias a pequeños o grandes bancos de arena dentro del agua es que el azul bajaba su tonalidad y se acercaba hacia los colores turquesa e inclusive aguamarina; esta combinación de azules quedaba exacta con la blancura de la arena de las playas y el grisáceo de las piedras casi mármoleadas, y por si esto fuese poco decoraba el paisaje un sin fin de árboles de eucalipto y campos de plantío, que por la época se encontraban un poco secos por lo que el amarillo hacia justicia al brillar el sol…

preparando-las-maletas-lago-titicaca-sudamerica-2Podrán decir que exagero pero no encuentro una explicación más justa para relatar la isla del sol que esta…

Al llegar a un alto pico conocimos a Roi, quien ahora es un gran amigo israelí que nos impulso a correr hacia un mirador desde donde se podía apreciar una imagen de casi toda la parte norte, todo un espectáculo, que de no habernos llamado con el no lo hubiésemos visto, seguimos con Roi hasta las ruinas en donde estaba el laberinto, una creación inca realmente especial en donde su construcción estaba lista para perderse en ella, pues como buen laberinto, cuando crees haber encontrado la salida te encuentras de nuevo entre las paredes, pero eso si, sin la sensación de encierro, pues era todo al aire libre y el azul del cielo daba una sensación de inmensidad.

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preparando-las-maletas-lago-titicaca-sudamerica-3Terminando el laberinto era posible continuar hacia la zona sur de la isla sin embargo las ruinas tenían en la salida una pronunciada bajada que llevaba a una pequeñita playa del lago desde donde lejos se veía un muelle, sin pensarlo mucho comenzamos a bajar, era como si la energía del lugar nos llamara hacia abajo, ahí conocimos a Monica y Eric, una venezolana y un argentino que tenían un día de conocerse, estaban paseando juntos y al vernos bajar tampoco lo pensaron y emprendieron hacia el muelle… No paso mucho tiempo para saber que estábamos los cinco juntos en esta aventura y Roi sin pensarlo se quito la ropa y se aventó al lago que no se cuantos grados tendría pero era helado, a Roi le siguió Eze, mi compañero y después Eric, Mónica también se aventó y yo pensaba que no me tiraria al agua pues no tenía ropa para después y mi mochila grande estaba en Copacabana pero algo me dijo que no podía irme sin revivir en esa agua y acto seguido me saque la mayoría de la ropa y me avente directo al azul del lago… Si alguna vez han hecho un temazcal y recuerdan la sensación del agua fría posterior al sauna, este frío es multiplicado por dos o tres, sin embargo absolutamente valio la pena…

preparando-las-maletas-lago-titicaca-sudamerica-7Nos quedamos ahí contemplando el agua, el sol y la blancura del lugar, salimos y todo comenzó a fluir, nos sentamos en el muelle, todos sacamos lo que traíamos de víveres para el camino, Mónica y yo comenzamos a practicar yoga y después me puse a escribir en una libreta que me había regalado un gran amigo antes de salir de viaje en donde en la portada tenía el título: “El día en que inaugure una mejor versión de mí misma”, con el resto de las hojas de la libreta vacías, realmente para este momento ya llevábamos dos meses de viaje y cargaba la libreta a todos lados por si ese día o momento llegaba y fue ahí donde la inaugure, ahí donde me permití fluir y ser con la naturaleza y con las personas que me rodeaban, que mágicamente habían ido apareciendo en el camino…

Mas tarde nos tiramos todos boca arriba y se podía ver la luna saliendo mientras el sol seguía arriba, ahí no se porque razón Eze mencionó la fecha y Mónica justo se percató que ese día cumplía 2 años de haber emprendido su viaje y Roi cumplía años al día siguiente así que fue toda una celebración el evento que estábamos viviendo…

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Vimos que el sol empezaba a querer despedirse para ir a alumbrar otros lugares no nos queríamos ir pero sabíamos que aun nos quedaba camino por recorrer y había que seguir así que decidimos comenzar a avanzar hacia la zona sur pues donde estábamos no había mucho donde pasar la noche así que nos abrazamos, nos agradecimos el momento y nos despedimos con la dicha de habernos encontrado y con la esperanza de reencontrarnos en algún otro punto del globo.

preparando-las-maletas-lago-titicaca-sudamerica-1Es una gran parte de viajar encontrarse con seres especiales en momentos mágicos, compartirlos como si fueran conocidos de toda la vida y después despedirse llevándose una pequeña parte de la persona dentro de la experiencia vivida, lo que me parece muy rico de este tipo de experiencias es que se conoce a las personas en momentos excepcionales de sus vidas por lo que se puede ver también como se conocen a ellas mismas y se sorprenden a la par de irse conociendo a uno mismo…

Al continuar el camino supimos que nos quedaban dos horas y media de andar, era pesado pues eran muchas subidas y bajadas y todas las personas que encontrábamos que venían de vuelta nos miraban y nos decían que era un poco tarde para avanzar hasta esa parte de la isla que mejor volviéramos, sin embargo, seguimos avanzando sabiendo que valdría la pena y que lo peor que podría pasarnos es que el atardecer nos toque de camino, y así fue, nos acompañó el sol, el atardecer y por consiguiente la luna que nos alumbro parte del camino final para después esconderse un poco y a la llegada a un lugar donde podríamos dormir, nos dejo solo con las estrellas quienes muy amablemente nos recibieron toda la noche…

A la mañana siguiente seguimos camino hasta el puerto donde volvían las lanchas hacia Copacabana, bajando por un caminito muy curioso y llegando a las escalinatas del inca que están todas floreadas a los costados, contemplamos la vista y la calma del lugar por ahora por última vez y partimos camino por la mañana para continuar recorriendo y conociendo el bello país de Bolivia, que hace muy poco comenzaba…

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