Estudiar, trabajar, tener buenos hábitos, hacer ejercicio, llegar a tiempo, volver a estudiar, trabajar más y más. Hoy en día nos vemos tan inmersos en la lista enorme de cosas que tenemos que hacer para conseguir nuestros objetivos o lo que vemos como un camino al éxito o a la felicidad. Estamos tan concentrados en ir recto por ese camino, que constantemente se nos olvida mirar hacia otros lados; únicamente lo hacemos cuando nos sentimos tan atrapados que instintivamente buscamos una salida. ¿Te has puesto a pensar cuándo fue la última vez que te tomaste unos minutos de tu día para apreciar un atardecer? o ¿cuándo fue la última vez que disfrutaste del aire fresco de una montaña?

Son pocas veces las que pausamos nuestra rutina para disfrutar de todo aquello que nos rodea, para observar, conocer, aprender, admirar y conectar. Viajar es una actividad que nos ofrece la posibilidad de volver a conectarnos con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. Viajar, nos hace felices y a diferencia de muchas otras de las cosas que podemos comprar, viajar nos genera lo más preciado que los seres humanos podemos atesorar; experiencias.

No digo que la emoción de un nuevo teléfono o un departamento no nos haga felices, ¡claro que sí! Y muchas veces conseguir esas cosas materiales significan la satisfacción de mucho esfuerzo previo. Sin embargo, todo lo material que poseemos será transitorio en nuestras vidas. En algún punto, habrá un nuevo modelo de teléfono o nos cambiaremos de casa y probablemente no recordaremos cuál fue el primer teléfono que tuvimos que tanto nos emocionó en su momento. Lo único que permanecerá con nosotros, serán esos recuerdos de los momentos en los que nos sentimos vivos, que nos dejamos sorprender y aquellos que marcaron nuestro camino.

¡Viajar nos ofrece eso y mucho más! Aventurarnos en un viaje nos dará momentos que nos harán sentir vivos, en los cuáles el estrés, nuestras preocupaciones y el cansancio quedarán en segundo plano para permitirnos poner nuestra atención en los lugares nuevos por conocer, los paisajes para admirar, las comidas y bebidas por probar y la siguiente aventura por vivir. Viajar puede ser el secreto para curar muchos de los males que nos atormentan, ya sean corporales, mentales o del alma.

Al viajar, salimos de lo ordinario y de todo lo que conocemos, para adentrarnos en un mundo nuevo y desconocido para nosotros. La capacidad de sorprenderse es una de las primeras que el ser humano va perdiendo conforme se va volviendo adulto. Un viaje nos devuelve esa capacidad perdida cada vez que nos revuelca una ola, o nos dejamos impresionar por una obra de arte.

Viajar es una de las cosas más maravillosas de este mundo. Independientemente de la felicidad que nos puede generar la vivencia de experiencias nuevas, relajantes y emocionantes, viajar puede traer significativos beneficios para nuestra salud. Está comprobado científicamente que viajar puede mantener tu corazón sano, gracias a la liberación de estrés y a la constante actividad física que realizamos cuando conocemos un lugar nuevo. De igual manera, es un excelente método para mantener tu mente joven y activa; conocer lugares nuevos, memorizar calles o intentar comprender un idioma, son situaciones que estimulan nuestro cerebro.

Ya sea en el Pueblo Mágico más cercano o al otro lado del mundo, son infinitos los beneficios que podemos encontrar en un viaje; una cura para varios de los males que podamos traer encima, es un buen comienzo y una excelente motivación.

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